Amelia Earhart


Primera persona en intentar la vuelta al mundo sobrevolando la línea ecuatorial

—¿Donde estoy? —preguntó Earhart.—En el pastizal de Gallegher. ¿Vienes de lejos?—De Estados Unidos —respondió ella.

De pequeña Amelia era una tomboy: disparaba a las ratas con un rifle, ataba su trineo a los carruajes y trepaba por los árboles, también coleccionaba recortes sobre mujeres intrépidas. De joven logró desafiar la normativa militar que prohibía pilotar a las mujeres y aprendió a volar. En 1928 la llamaron para preguntarle si quería ser la primera mujer que cruzase volando el Atlántico. Dijo que sí. El honor se lo cedió Amy Guest una multimillonaria que pensaba hacer ella la travesía pero que acabó sucumbiendo a las presiones de su familia. Se hizo muy famosa, rompiendo todos los records de velocidad femenina, prescribiendo la aviación entre mujeres, abriendo grandes rutas y llevando sus propios diseños de ropa aviator como nunca nadie ha sabido luego. No tomaba café y en las largas distancias se mantenía despierta oliendo sales. En 1937, convertida ya en una leyenda, su avioneta se quedó sin combustible sobrevolando la isla de Rowland, un atolón deshabitado en medio del Pacífico. Franklin Roosevelt supervisó personalmente una operación de búsqueda que costó 4 millones de dólares en la época, pero no pudieron encontrarla. En la isla de Rowland, a medio camino entre Hawai y Australia, hay ahora un faro en su honor.

 

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