Ana Serrano Velasco


Marga_Gil_Roesset_Ana_Serrano

Cuando Ana Serrano quiso leer ‘Platero y yo’ a los diez años, y preguntó a sus padres si era una lectura adecuada, encontró en ellos una reacción desproporcionada que acabó en una confesión de su madre: el autor producía escalofríos en la familia porque una tía suya, a la que llamaban Marguita, se había descerrajado un tiro en la cabeza por una pasión no correspondida.

Ana, fue rescatando a su tía Marga del olvido; rescató a la ilustradora precoz y genial de los cuentos infantiles que escribía su hermana Consuelo, los publicó la editorial francesa Plon, vió los dibujos que diecisiete años antes de la publicación de El Principito, inspiraron a Saint Exupery, rescató a la primera mujer en esculpir en piedra y a sus brazos marcados, siempre, por las esquirlas que saltaban de las tallas. A Ana le preocupaba que el talento de Marga quedase ensombrecido por su trágico final.

“He de confesar que he utilizado a Juan Ramón y la propia utilización de la historia para realizar lo que decidí hacer el día de mi visita a las esculturas de Marga, darla a conocer; demostrar que no era una loca, un capítulo en la vida de un genio; voy a convencer de que no debe pasar a la historia junto a Juan Ramón Jiménez, de que debe pasar ella sola con Juan Ramón como capítulo importantísimo, tan importante que fue el desencadenante de su fin, del fin de su obra y de su futura obra”.

Y es que tres meses después de conocer a la pareja Jimenez-Camprubí, reunió toda la obra artística, la destruyó y en el torreón de su casa en Las Rozas, escribió tres cartas, a su hermana, sus padres y a Zenobia, se suicidó.

+ There are no comments

Add yours