Annemarie Schwarzenbach según Ella Maillart


ANNEMARIE SCHWARZENBACHAunque inmóvil, no descansaba. ¡No descansaba nunca! Calmosa según su costumbre, su rostro descolorido era un símbolo que yo trataba de descifrar: exento de toda afectación, era un rostro sencillo, quiero decir, natural, sin pose, sin preocupación de sí misma. Bajo el volumen de la corta melena, la cabeza parecía demasiado grande, excesivamente llena de ideas para una nuca tan frágil. La frente no era alta, pero siempre impresionaba por su masa, su densidad, su resolución, próxima a veces a la terquedad. Yo no ignoraba que tras aquella frente podían surgir nobles pensamientos, que habían vencido una especie de obsesión que yo no lograba aún definir. Los ojos, separados, tenían matices que iban desde el gris hasta el azul intenso, bajo espesas cejas más oscuras que el cabello. En la mirada se revelaba un alma enamorada de la belleza y que, herida con frecuencia por las discordancias del mundo, tendía a replegarse sobre sí misma; el entusiasmo podía hacer fulgurar aquellos ojos, y también el afecto y el amor; correspondían a mi sonrisa, pero jamás los vi reír. Al observarla con atención, la nariz sorprendía por su robustez: señal de que la constitución de Cristina no era quizá tan endeble como parecía a primera vista. Melancólico el modelado de la boca pálida e irregular, cuyos labios aspiraban el humo con voracidad silenciosa. (Los tintes sombríos de sus dientes se intensificaban me lo había dicho ella—siempre que su vitalidad sufría un descenso.) La barbilla, pequeña y singularmente joven, evocaba la imagen de un niño sorprendido e inquieto, a punto de pedir auxilio. Las manos eran las de un artesano paciente que sabe labrar una línea pura: la he visto colocar, una tras otra, siete hojas blancas en la máquina de escribir, antes de que un párrafo consiguiera la forma holgada y perfecta, única capaz de satisfacerla. Escribir era el único rito de su vida: a él lo subordinaba todo.

 

Ella Maillart sobre Annemarie Schwarzenbach, El camino cruel. Un viaje por Turquía, Persia y Afganistán con Annemarie Schwarzenbach.

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