La biografía de Dora Maar de Victoria Combalía


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Editorial Circe no podría celebrar de mejor manera su 25 aniversario que publicando una biografía propia sobre Dora Maar. La firma la historiadora del arte Victoria Combalía (Barcelona, 1952) y viene a saldar una deuda con la memoria de un personaje histórico tan fascinante como enigmático.

Combalía ha escrito la que está llamada a ser la biografía canónica de Dora Maar. Se construye sobre la investigación de 2500 documentos inéditos y cuenta con el testimonio de 80 personalidades que han ayudado a revivir el retrato coral, tanto del París que vivió Dora Maar, como el de la propia artista: su infancia privilegiada, su juventud como activista de izquierdas, su vida junto a Picasso, la relaciones con su familia, su conciencia como artista y su entrega mística a la religión en el final de su vida.

Entretejida hay además una historia tan heroica como preciosa, la de una joven Victoria que redescubre a Dora Maar en Paris: “Un día estaba comiendo en una terraza con el marchante surrealista Marcel Fleiss y surgió el nombre de Dora Maar. Yo tenía la vaga idea de que debía ser muy mayor, incluso que podía estar muerta, o encerrada en un asilo”. Marcel Fleiss me dijo: “Dora Maar está viva, a tan solo a diez calles de tu casa. Te daré el teléfono. El no ya lo tienes”.

Dora Maar tenía entonces 87 años y vivía recluida. Muchos museos y galerías importantes habían intentado contactar con ella para organizar exposiciones, catalogar sus fotografías o contrastar datos biográficos de Picasso pero ninguno consiguió sus propósitos y se forjó la leyenda de la esfinge, de la Dora Maar inaccesible, mística, lunática y difícilmente tratable.

El interés honesto por la obra de Dora Maar permitió a Combalía charlar con ella en varias ocasiones. “Madame Maar, no quiero hablar de Picasso, quiero hablar de usted, y de su obra” Así empezaba un fragmento de historia viva, así empezaba a construir Victoria, hace veinte años, la biografía que podemos tener hoy en las manos.

Los encuentros eran citas telefónicas que Combalía afrontaba con “nerviosismo y pánico, consciente de la volubilidad de la artista y de que en cualquier momento, haciendo honor a su fama, podía finiquitar las conversaciones”. Sin embargo, la inteligencia para abordar con prudencia temas estratégicos en la vida y obra de Dora Maar, permitieron a Combalía trascender al mito y llegar a conocer a la persona, pudiendo apreciar en ella: “su enorme calidad humana, su ironía y fino sentido del humor y su memoria de elefante –solo se equivocó en dos o tres detalles;  recordaba con precisión cada una de las fotos sobre las que le iba preguntando. Me dijo, por ejemplo, que fotografiando a Frida Kahlo se había equivocado en el enfoque”. La autora recuerda, también, agradecida “lo generosa que fue Maar durante aquellas conversaciones, en algún caso tuve que decirle: -Madame Maar tengo que dejarla, he de prepararme la comida-”.

En una ocasión Combalía dijo que “impresionaba ver las fotos de Dora Maar juntas porque solo en dos, de los cientos a las que había podido tener acceso, salía sonriendo”. Le pregunto si ha tenido la misma sensación al leer sus cartas, sus agendas y las notas que intercambiaba con Picasso. Me explica que: “de alguna manera la personalidad dramática estuvo en Dora Maaar desde siempre. Es posible que hoy se le diagnosticase bipolarismo, factor que muchos creadores comparten.  Su entrega absoluta y su tormentosa relación con Picasso la hicieron víctima de un amor apasionado”.  

“Los primeros dos años Picasso la retrata enamorado, estaba fascinado con su rostro, son obras en las que Dora Maar aparece guapa. Con el paso del tiempo la inestabilidad psicológica empieza a aparecer de forma evidente en los lienzos, dando forma al mito de “la mujer que llora”.

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1. Fotografía de Picasso y Dora Maar con Kabul. 2. Dora Maar Painting by Picasso 1937 3. Dora Maar by Irving Penn 1948 4. Weeping woman Picasso  5. Dora Maar

Combalía dice que “Picasso era un polígamo inveterado y Dora Maar  lloró y lloró mucho, pero a diferencia de otras compañeras de Picasso (Marie Therese Walter y Jaqueline Roque) no se suicidó; combatió el vacío y el desamor con una fuerza de voluntad encomiable. Luchó y superó el abandonó y vivió plenamente casi noventa años”.

Pienso en Dora Maar cada dia”,  declaró Victoria Combalía hace unos años.

Sin duda, su historia con la artista contuvo todos los ejes para que se convirtiera en mítica: el académico como historiadora, la primera retrospectiva en vida de la artista como curadora de exposiciones (Dora Maar, sede Bancaja, Valencia 1995) y una conexión personal que le permitió fraternizar con el dolor y dificultades por los que pasó Dora Maar a lo largo de su vida a raíz de su relación con una personalidad tan fuerte como la de Picasso. “Yo misma tenía por aquel entonces una relación con alguien muy admirado y potente, de alguna manera maltratador y me identificaba con la angustia vital de Maar por mis circunstancias personales en aquel momento”.

Combalía ha rescatado del olvido algunas joyas del legado histórico de la artista, son frases, fotografías y documentos que nos dan claves para entender a una mujer “que no se dejaba aprehender”.

Destacamos dos frases: la primera se la dijo la artista a un marchante: “Yo soy tan buena como Man Ray” y nos deja ver que ella sabía que le esperaba un lugar en la historia del arte. La segunda, fue una frase a James Lord: “Necesito construir un halo de misterio entrono a mí porque todavía soy demasiado conocida como mujer de Picasso”.

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Fotografías de Dora maar: 1. Père Ubu, 1936  2. Untitled, 1934   3. 29 rue d’Astorg.

Más información:

La web de la autora victoria Combalía y la web de la editorial Circe

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