Connie Converse


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La historia de Connie Converse va despertando a medida que lo hace su reconocimiento y a medida que la comunidad hipster la encanoniza como icono de sensibilidad. Cigarrillos, alcohol, gafas de pasta y música triste perpetrada desde cocinas iluminadas por tubos de tungsteno.

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Connie Converse nació en la familia de un pastor bautista que luchaba por la abstemia nacional. Dejó pronto los estudios para mudarse a un apartamento en la calle Grove de Greenwich Village y vivir en el Nueva York beat de los años 40.

Tenía un trabajo en una editorial y llenaba todo su tiempo libre componiendo canciones y tocando la guitarra en su apartamento. Gene Deitch, el vecino que vivía al otro lado de sus tabiques, se enamoró de las canciones de Connie y la ayudó a grabarlas con una grabadora Crestwood 404. A Connie le animó mucho tener un fan y se esforzó por entrar en el circuito musical de la ciudad consiguiendo actuar en el programa de televisión ‘CBS Morning Show’. La experiencia se saldó, decepcionantemente, sin un contrato discográfico.

El fracaso empezó a empañar la mente de Connie y su trabajo de oficiona la envolvió de un tedio del que le costaría mucho salir. Sus amigos le pagaron unos meses sabáticos en Londres y a su vuelta, pronto volvió a caer deprimida. Su madre decidió entonces invitarla a Alaska. La presión ante el viaje dinamitó la estabilidad de Connie.

A los pocos días su familia recibió unas cartas, en ellas Connie explicaba su necesidad de emprender un viaje y desaparecer en su Wolkswagen Beetle cargado hasta arriba. Nunca más se volvió a saber de ella. Tenía 50 años.

En 2012  un proyecto de crowfunding empezó a recaudar dinero para publicar su disco ‘How sad, how lovely a partir de las grabaciones de Gene Deitch. Consiguieron un tercio de lo que necesitaban, puede escucharse y descargarse en esta página y, si os apetece, aquí podéis encontrar el documental ‘We lived alone’ de Andrea Kanes, una joven fan herstoricista.

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