Elsa von Freytag – Loringhoven


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How Far is Going too Far, Elsa von Freytag – Loringhoven, la baronesa dadá.

Las grandes estetas y provocadoras nacen con el fin de siglo y la modernidad. Elsa von Freytag – Loringhoven fue un monumento del dadá neoyorkino y fue también una figura clave para entender el dandismo moderno y la ginandría; una rompedora del sistema desde la estética privada.

Los experimentos matrimoniales de Elsa ya hablan de una búsqueda de la transgresión de los códigos de género post victorianos. Mujer acostumbrada a la conquista, el activo que la volvió loca respecto a su primer marido fue su impotencia y hacia el segundo su homosexualidad. Del tercero -como buena esteta-, el apellido de leyenda; no era lo mismo llamarse Greve que tener un apellido centenario cargado de bombas, batallas y candelabros de plata: Von Freytag – Loringhoven.

Con la delgadez genética que hubiera soñado para sí mismo Oscar Wilde (Siempre dijo: “prefiero comprarme un paquete de cigarros a un bistec”) y una imagen antimaternal que cultivaba a conciencia, Elsa hizo aparición como artista y performer en el Greenwich Village de Nueva York que vivía un replandor monparnassiano en las primeras décadas del S.XX.

Como respuesta al incipiente consumo de masas que vendría más adelante, buscaba piezas en las basuras y los márgenes de la ciudad en su obsesión por transformar en arte todo aquello que los demás despreciaban.

Elsa fue pionera en conferir valor estético a los objetos cotidianos décadas antes de que los teóricos lo hicieran; poetizaba lo banal, daba importancia a aquello que nadie consideraba importante y obviaba lo que al resto sí le parecía digno de atención.  Resignificó los objetos cotidianos rescatándolos para su vestuario o para sus piezas ready-made.

Algunos testimonios de la época sobre sus estilismos: “en su cabeza llevaba la tapa de un cubo de carbón atado bajo la barbilla como un casco con dos cucharillas de mostaza como plumas, bolsitas de té le colgaban del pecho, llevaba la cara empolvada de amarillo y los labios negros y en la frente sellos de correos cancelados, bolas de navidad prendidas del pelo, en la cola de su falda se ponía a veces luces y el dobladillo estaba rematado con pines de general, con latas de tomate se hacía sujetadores que lucía por fuera de la ropa, llevaba cinco perros con cinco correas y una jaula con un canario dentro colgado del  cuello.. en algunas reuniones se lo quitaba todo, se quedaba desnuda ante la sorpresa de sus interlocutores y seguía con los temas, sin más, diciendo: así estoy más cómoda.

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