Eva Palmer o el going native de una americana en la Grecia clásica


Eva Palmer Sikelianos
Eva Palmer era una heredera americana de la industria de las galletas. Fue la primera de la larga lista de conquistas de Natalie Barney, la salonniere más famosa de la historia. En 1900, ya en París, el lugar en el que había que estar si eras rica, lesbiana y leída, fundaron con Renee Vivien una logia de inspiración helena consagrada al culto de la poetisa Safo.

En 1906, harta de los triángulos (más bien, poliedros) amorosos en los que le gustaba estar a Natalie Barney, Eva viaja a Grecia a curarse el desamor. Grecia era entonces un territorio romántico. Los viajes, pero sobre todo la muerte en Missolonghi de Lord Byron, habían construido el imaginario europeo de la Grecia post helénica, una tierra de conocimiento, autenticidad y aventura. Eva no aprendió allí a vivir sin la aprobación de Natalie Barney, nunca se curó del todo de su influencia, pero allí descubrió su misión vital: revivir la Grecia clásica.

Su acercamiento a la historia griega fue el de una arqueóloga del lifestyle. Recuperó los procesos creativos tradicionales, las técnicas de hilado, cerámica, gastronomía pero también la forma de hablar y de vestir de los griegos de la época de Homero. Tejía y teñía sus propias túnicas, se hacía ella misma las sandalias siguiendo patrones antiguos y se recogía el pelo castaño maravilloso que tenía como lo hacían las antiguas.

Robert Payne, en su libro The Splendour of Greece p.102, la describe así “Era alguien muy queer. Lo digo en un sentido muy específico de la palabra. Completamente extemporal. Abandonó la ropa occidental en 1907 y hasta su muerte solo se vistió con túnicas tejidas a mano. No pertenecía a este mundo.” Una mujer que la conoció en la producción de Palmer del Prometeo enamorado dejó dicho: “tenía el extraño poder de entrar en la mente de los antiguos y traerlos a la vida de nuevo. Lo sabía todo sobre ellos – cómo caminaban y hablaban en el mercado, cómo ataban sus zapatos, cómo organizan los pliegues de sus vestidos cuando se levantaban de la mesa, qué canciones cantaban, cómo bailaban, y cómo se iban a la cama. No sé cómo llegó a saber estas cosas, pero lo sabía.

Eva Palmer estudió muchos años música neo bizantina, una rama de música religiosa no occidental, extremadamente complicada, e hizo planes para fundar una escuela que recuperase esa música y los cancioneros antiguos. No llegó a hacerlo pero si fundó un festival de drama a mediados de la década de los 20, el festival de Delfos. El festival acogía teatro, música y poesía en lugares con ruinas, poco conocidos y preciosos. Centraba su esfuerzo en el renacimiento de la «Idea Délfica».

Eva Palmer y su marido, el poeta Sikelianos, creían que los principios que habían modelado la civilización clásica, si eran reexaminados, podrían ofrecer independencia espiritual y serviar como medios de comunicación entre personas.

Eva Palmer Sikeliano Reading HerstoryEva Palmer antes de viaja a Grecia, probablemente en París.

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Eva Palmer de adolescente en la época en la que conoció a Natalie Barney y entre 1926 y 1930 cuando dirigía el festival délfico.

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 Fuente: “SHE WAS THE ONLY ANCIENT GREEK I EVER KNEW” A CONVERSATION WITH ARTEMIS LEONTIS

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