Gertrude Stein y Alice Toklas at war


Gertrude Stein Alice Toklas Herstory

Salonières. Gertrude Stein, escritora america y mecenas. Alice B Toklas, ama de casa, chef y gourmet.

El primer invierno de la ocupación alemana de Francia Alice B. Toklas y Gertrude Stein lo pasaron en Bilignin. Rodeadas de montañas, en medio de la nieve, y con temperaturas muy bajas, no había forma de caldear la casa excepto encendiendo fogatas. Tenían carbón suficiente para el fogón y para un brasero que mantenían encendido día y noche. Tenían un gato con bigotes al que pusieron el nombre de Hitler. Los lugareños se presentaban y permanecían en la casa en turnos de tres horas para entrar en calor. A media tarde la hospitalidad consistía en dos tazas de té sin azúcar, leche ni limón y un cigarrillo.

Alice, acurrucada frente al hogar, se dedicada a “leer apasionadamente” las recetas más elaboradas. Todas las Navidades Gertrude le regalaba un libro de cocina; ese invierno fue El gran libro de cocina de Montagne y Salle. Era imposible conseguir ninguno de los ingredientes, pero Alice cocinaba mentalmente: turnedós con trufas y salsa, langostas con pavo, perdices y capones acompañado del mejor champagne seco, muy frío per no helado.

A lo largo de toda la guerra Alice tuvo un sueño recurrente; en él aparecía una larga fuente plateada, en la que había tres lonchas de jamón, flotando en el aire.

Uno de los problemas para no moverse Bilignin era la comida: “al principio vivíamos de lo que habíamos guardado”. Antes de que se impusiera la requisa, almacenó frutos secos, gelatina, achicoria para sustituir el café, sardinas, especias, harina de maíz y preparó grandes cantidades de mermelada de frambuesa y tomate en frascos. Apartó dos grandes tarros de frutos secos confitado.

Con el racionamiento, cada persona tenía asignados 125 gramos de carne por semana. Hasta que se prohibió la pesca, el Ródano les proporcionó truchas asalmonadas y el Lac-de-Bourget les dio carpas, truchas y percas. El carnicero del pueblo les proporcionaba cangrejos de río que Alice mantenía en una cisterna y a los que alimentaba con sobras. Luego los cocinaba al congnac o al vino blanco. El alcohol abundaba pero no así la carne y la mantequilla.

Seis meses más tarde se organizó el mercado negro en el que las introdujo la baronesa Pierlo’. ‘No es cuestión de tener dinero, sino de tener personalidad” les dijo, “Una compra en el mercado negro con su personalidad”.

Pero el mercado negro era caro “durante un tiempo tuvimos comidas extrañas y variadas, todo el mundo se presentaba en casa con algo que vender, un huevo, 125 gramos de mantequilla, un cuarto de harina molida.. pero no nos llegaban los fondos de Estados Unidos”.

En 1942 decidieron embalar un retrato de su colección, era un retrato de Mme Cezanne y lo habían salvado de Paris junto al retrato de Gertrude que hizo Picasso (actualemente está en el MET de NY). Montaron el Cezzane al coche, cruzaron la frontera y lo llevaron a Suiza donde lo vendieron a un marchante, “Nos comimos el Cezzane”, dijo Alice.

Fuente: Diana Souhami. Gertrude y Alice. Tusquets Editores.

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