Ida Rubinstein


Provocó impersonaciones, decoró su casa Leon Bakst, la pintó Romaine Brooks.

1910. En algún lugar de un palco, un hombre, Walter Guiness, cervecero irlandés, perdía la cabeza por Ida Rubistein, primera bailarina del ballet Sherezade de Diguialiev. Tan importante pasión provocó que él abandonase a su mujer, Lady Eveline Guinnes, una especie de beldad de poca estatura a la que llamaban la venus de bolsillo. Las fotografías de Ida, las mismas que hoy vemos en google, sirvieron de inspiración a la esposa abandonada para urdir un extraño caso de impersonación de la amada que la llevó a intentar vestirse de la misma manera, copiar el peinado, la afectación al posar.. con la esperanza de gustar de nuevo a su marido. Semejante estupidez debió tener fundamento en la época porque una de las mujeres más grandes de la historia, Misia Sert, también lo intentó inspirando a Proust para los celos de Gilberte versus la señora de Saint Loup y elevando el nombre de Ginette Lantelme a la categoría de los álguienes.

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