La historia de la foto de Marilyn leyendo el Ulysses


Marilyn-leyendo-a-Joyce Herstory

La fotografía de Marilyn de la serie de Eve Arnold para Esquire

Eve Arnold fue la primera mujer la agencia Magnum aceptó en sus filas. Era el año 1951. Las fotos que Eve había hecho a Marlene Dietrich habían causado una impresión duradera en Marilyn Monroe y quiso que le tomara fotos a ella también. Quedaron un día del verano de 1955. Eve Arnold pasó a buscar a Marilyn por la casa del poeta y novelista Norman Rosten. Marilyn llevaba con ella una edición del Ulises, de James Joyce. Tenía que estudiarlo para su curso en el Actors Studio. Fotógrafa y modelo decidieron detenerse en un parque infantil de Amaganset. Mientras Eve Arnold cargaba la película en su cámara, Marilyn sacó el Ulises. Eve empezó a disparar y así nació la famosa serie de fotografías que se publicaron luego en la revista Esquire.

Ella misma le comentó luego a la fotógrafa que era una obra “dura de roer” que solo lo podía leer por partes. Pero que le encantaba el sonido del libro y que le gustaba leerlo en voz alta para que tuviera sentido. Entendemos mejor a que se refería Marylin si vemos por qué parte tiene abierto el libro.  Es evidente que se trata de las últimas páginas, del tristemente célebre monólogo de Molly Bloom. Las últimas cincuenta páginas de la novela son famosas porque se trata únicamente de ocho frases que se suceden sin ningún tipo de signo de puntuación así que tiene sentido que Monroe las leyera en voz alta para darles sentido, justo lo que se hacía en abadías y monasterios medievales cuando no existían signos de puntuación y la escritura se dirigía mas al oído que a la vista.

Marilyn disfrutaba leyendo y cultivándose, “si ibas a su casa de improvisto siempre la encontrabas estudiando” dijo su profesora de interpretación Natasha Lytess. Con ella y con otros autores y amistades intelectuales comentaba sus lecturas por teléfono.  Entre sus autores favoritos estaban James Joyce, Walt Whitman, Fiódor Dostoievski, Poe, Wilde, Chéjov, Proust, Pushkin, Flaubert, Khalil Gibran y Bertrand Russell, Saul Bellow y Carl Sandburg.

La biblioteca de Marilyn Monroe llegó a ser tan sonada y tan codiciada que, en 1999, fue subastada por Christie’s.

Fuente: Mujeres y Libros una pasión con consecuencias. Stefan Bollmann.

+ There are no comments

Add yours