Lucie Badoul


Fujita y Luci (Yuki -nieve en japonés-)

Lucie Badoul nació en 1903, hija de un próspero granjero del norte de Francia. Su madre la envió muy pronto a París a vivir con su abuela y Lucie recibió una educación típicamente burguesa. En un principio vivió en el distrito VIII y luego se trasladaron a la Rue Cardinet del distrito VII. A los diecisiete años Lucie pierde a sus padres y a su abuela y se queda sola en el apartamento parisino de la familia.

Un día un joven poeta la aborda en el metro y en seguida le presenta a toda una multitud de literatos que se reúnen en los cafés cercanos al boulevard des Italiens. Lucie se compró un ejemplar de ‘La Femme asise’ de Apollinaire, y se tumbó en la cama dispuesta a leerlo. Absolutamente petrificada per la descripción de Apollinaire de La Rotonde, “me levanté, me maquillé, cogí a mi gato y me fui en metro a Montparnasse.. barrio que no conocía en absoluto”. Un grupo de estudiantes españoles la invitaron a sentarse con ellos en la terraza de La Rotonde.  A la noche siguiente volvió sola al local y estando sentada vio entrar al pintor Fujita. Fue el clásico coup de foudre. Fujita sin embargo salió sin siquiera mirarla dejándola completamente desesperada. “Me bebí varias copas.. salí por fin de mi estupor, me planté en medio del café y pregunté: ¿quién de ustedes conoce a un oriental con gafas de cocha y abundante flequillo sobre la frente?. Un hombre llamado Oeconomou le dijo que se trataba de Fujita, ella le escribió su dirección en un papel y le dijo al hombre que se la entregara a Fujita.

Espero 8 días en vano. Viéndola tan triste un grupo de estudiantes de medicina la acompañaron al estudio de Fujita. Él le regaló un abanico y la citó en La Rotonde esa misma noche. “Estábamos los dos sentados, ambos en silencio porque él también acababa de enamorarse. Fui yo quién rompió el hielo: ‘Por qué no me ha escrito? Fujita dijo que Oeconomou la había descrito como una mujer rusa con ideas extravagante y que a él las mujeres rusas le parecían una lata. “desde entonces no paramos de hablar y nos pasamos 3 días encerrados en un hotel de Montparnasse”.

 

El paris de Kiki. Martin Kluver. Tusquets Editores.

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